La Hora Bruja



La hora bruja que era como mi amiga Carmela llamaba a lasa doce de la noche, se acercaba.Nuestros vasos vacíos, sobre el borde del billar, contemplaban cómo mi amigo y yo nos divertíamos jugando a aquel maravilloso juego de carambolas que habíamos aprendido al comienzo de nuestra adolescencia en la casa de  don Amancio, inseparable y admirado compañero de trabajo de mio padre.

De repente, algo cambió en el ambiente.




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